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divendres, 14 de desembre del 2018

LAS ISLAS DE LA DIOSA MADRE. I Las espirales de la Diosa.





LAS ISLAS DE LA DIOSA MADRE

I-Las espirales de la Diosa




Hace unes pocas semanas, llevados de la experta mano de “PAUSANIAS Viajes arqueológicos y culturales”, tuvimos la ocasión de visitar las pequeñas islas de Malta y Gozo, en el corazón del Mare Nostrum.
Situadas al sur de Sicilia y al Noreste de África ha sido poblada desde la prehistoria, por diferentes pueblos europeos, asiáticos y norteafricanos que han dejado un riquísimo legado cultural del que podéis encontrar amplia y suficiente información en la red.
La visita y todo lo vivido en ella, daría lugar a muchas entradas en éste blog, pero como de lo que se tratará aquí es fundamentalmente de la prehistoria y específicamente de las etapas finales del paleolítico, mesolítico y neolítico, he dividido ésta entrada en tres partes:
  1. Las espirales de la Diosa.
  2. La imagen de la Diosa.
  3. Los templos de la Diosa.

Debo recordar a los lectores de éstas páginas que aunque sea licenciado en Historia, lo soy en la especialidad de contemporánea, habiendo ejercido en la enseñanza privada (Academias y Universidades) y en Institutos de Bachillerato durante más de 40 años, la práctica y la vocación me llevaron a interesarme profundamente por la prehistoria y la historia del arte, a las que he dedicado libremente, muchos años de estudio y formación. No obstante para que no quede lugar a dudas, aunque he consultado numerosa bibliografía sobre los temes que aquí se van a tratar, las reflexiones, valoraciones y/o conclusiones que se puedan verter, son de mi propia cosecha y no pretenden para nada, ser verdades universalmente aceptadas. Dejo al lector interesado la advertencia de que sea crítico y someta a su propio juicio todo aquello que pueda leer, escuchar, etc., sin dejar nunca de tener presente que por muy "científica y veraz " que pretenda ser una hipótesis, ésta no deja de ser la expresión del pensamiento de una determinada persona; y todos, absolutamente todos, vemos el mundo a través del cristal de nuestras propias gafas, teñido por nuestras experiencias previas, opiniones y prejuicios.


Máxime cuando se trata de personalidades o instituciones bien asentadas en el mundo “científico oficial”, cuando a las experiencias, opiniones y prejuicios, deberíamos sumar intereses políticos, de posición y económicos que poco o nada tienen que ver con la “ciencia” y/o el conocimiento. Quizás no sea siempre exactamente así, pero recomiendo encarecidamente al lector que tenga esto en mente en todo momento.
Los lectores habituales de éstos mis blogs, saben perfectamente que quien esto escribe, nunca ha ocultado el color del cristal de sus gafas, mi deseo es contribuir en la medida de mis posibilidades y capacidades, a un cambio de paradigma, una revolución radical en la manera de ver el mundo, de los valores socio-económicos y culturales en los que vivimos inmersos –consciente o inconscientemente-, y si es posible, contribuir a despertar una espiritualidad –no ligada a ninguna de las religiones existentes- que nos permita vivir en un mundo libre de la opresión de unos seres humanos sobre otros.
Tras todo lo dicho, podemos empezar con el tema.

En una gran sala del Museo de Arqueología Nacional de Malta, en su capital La Valletta, tan rico y asombroso en contenidos, como anticuado, descuidado y abandonado en sus instalaciones, se encuentran una buena parte de las espirales gravadas en las piedras que decoraban los grandes templos, donde se veneraba a la Gran Madre y donde, según todo parece indicar, tenían lugar ritos y ceremoniales de salud y vida.  
Allí podemos observar, como aquellos artistas neolíticos se afanaron en encontrar diseños cada vez más elaborados y complejos, para transmitirnos el mensaje de dinamismo, movimiento y regeneración que suponemos pretendían hacernos llegar.




En ésta primera imagen vemos cómo la artista plasmó poco más que lo que aparentan ser unas olas del mar.



En las siguientes vemos cóm han ido evolucionando sus capacidades técnicas

¿Pero por qué ese interés?, plasmado en el inmenso esfuerzo de grabar con unas herramientas rudimentarias de piedra y cuerno –no conocían el metal- unas espirales tan perfectas y de gran belleza. No lo sabemos. Quizás no lo sepamos nunca. Pero podemos intentar aproximarnos.
La espiral es uno de los símbolos más antiguos y universalmente utilizados por la humanidad. Desde la más remota noche de los tiempos –como mínimo unos 30.000 años antes de nuestra era- probablemente muchos más, hasta en algunos de los edificios más audaces de nuestro tiempo, 


Torre espiral en Dubai



la espiral nos ha acompañado siempre.
Las representaciones más antiguas de las que tenemos constancia se remontan al Paleolítico, a los Hombres Sapiens, Neandertales y Cro-Magnon, aunque no se puede descartar que fueran utilizados anteriormente en forma de adornos, tatuajes, etc., por otras especies anteriores.
Algunas de las más antiguas són:


Grabado en la pared de la Cova del Comte c. 37.000 ane.

Diferentes muestras de arte parietal y mueble del período magdaleniense



Bastones/cetros con decoración espiral del mismo período


Vista axial de la Venus de Willendor 28.000-25.000 a.n.e


Aunque sería a partir del Neolítico cuando la representación de la espiral asumiría un protagonismo excepcional. Veamos algunos ejemplos.




Newgrange Ireland


Gavrini Bretaña francesa


Sitja del Llop (Pla de la Calma)



El simbolismo de la espiral en diferentes culturas.

Parece que en muchos lugares representaba el ciclo “nacimiento-muerte-renacimiento” así como al Sol, que se creía seguía ese mismo ciclo, naciendo cada mañana, muriendo cada noche y renaciendo a la mañana siguiente. Por semejanza, el hombre prehistórico solía dibujar espirales en sus pinturas rupestres, lo que muchos creen que representaba el ciclo de nacimiento, muerte y renacimiento.
No hay duda de que abundante y variado es en la Naturaleza el movimiento de la espiral: el recorrido de las partículas subatómicas ante las colisiones, la disposición de los componentes del ADN, algunas galaxias, la simple forma de una concha marina o de nuestros ombligos, los pabellones de las orejas, la caída de las hojas de los árboles, la evolución de las corrientes térmicas o de los ciclones…
Éstos y otros muchos fenómenos deberían de inspirar a nuestros ancestros a representar esa forma tan generalizada.
Entre las culturas aztecas, mayas e incas hay divinidades estrechamente relacionadas con dicho símbolo. Es el caso de Tlaloc, el dios de la lluvia, que era representado saliendo de la boca de un gran caracol espiroide; Tepeyollotli, dios de las cavernas, al que se le observaba soplando un cuerno marino; y la conocida figura del dios Quetzalcoatl, estrechamente relacionado con los caracoles marinos, dado que es el dios de la fecundidad y los vientos. La misma piedra del Sol o Calendario de los Aztecas


Entre los indios de Zuni el primer día del año se celebraba con danzas-espirales que aseguraban la permanecía del ser a través de las fluctuaciones del cambio. Para los mayas, el solsticio de invierno era el momento cero de su cosmología y la espiral el símbolo de dicho instante.
En la tradición hindú está relacionada con el día y la noche de Brahma: El manvántara y el Pralaya. Se trata de fases correspondientes al ciclo de la existencia. El Universo «despierta» y «duerme» cíclicamente, aunque estas fases nos sean imperceptibles, por transcurrir nuestra vida dentro de micropartículas de una de ellas.
En el Hinduísmo la espiral está simbolizada en la tríada de las deidades, Brahma, Vishu y Shiva, Vhisnu es el Cosmos, la suprema armonía de los dos opuestos evolutivos. Brahma es el supremo creador, y Shiva es la destrucción de las formas gastadas, que devora las cosas. Vishnu, surgiendo del mar de leche primordial y navegando en la serpiente Ananta de mil cabezas conserva las cosas en su óptimo nivel expansivo.
Para numerosos pueblos de África negra la espiral simboliza la dinámica de la vida, el movimiento de las almas en la Creación. El glifo solar de las tribus de los Dogón y los Banbara es a este respecto altamente revelador. Está hecho de una vasija de barro rodeada por una espiral de cobre rojo que le da tres vueltas. Ésta simboliza el verbo original, la primera palabra del dios Amma, la semilla de la divinidad. También un amuleto solar de éste mismo pueblo Dogón


Entre los pueblos germanos, una espiral rodea el ojo de la figura del caballo, el cual, subido sobre un carro de naturaleza solar, simboliza la fuente de toda luz.
En el sistema jeroglífico del Egipto antiguo, la espiral designaba las formas cósmicas en movimiento, la relación entre la unidad y la multiplicidad manifestadas. También los primeros habitantes de Europa las dejaron grabadas en cuevas y piedras: muchos menhires y dólmenes lucen espirales, atribuidas más tarde a la cultura celta debido a que ésta las solía utilizar para adornar sus utensilios y joyas rituales.
En la mitología griega se distinguía entre la espiral creadora o dextrógira, atributo de la diosa Atenea, y la destructora o levógira, torbellino hacia la izquierda atributo de Poseidón. Para este pueblo, el umbral entre el mundo de los hombres y el de los dioses estaba simbolizado por el monte Helicón, residencia de las musas y cuya cima estaba siempre envuelta en nubes, que representaban la frontera entre la Tierra y el Cielo. La subida simbólica por las laderas del Helicón se hacía rodeándolo con un movimiento en espiral, cuyo diámetro se iba reduciendo a medida que uno se acercaba a la cima. Esta ascensión espiralada que permitía llegar así, poco a poco, al punto más alto, significaba haber logrado conquistar el propio centro o síntesis, acceder a la unidad de lo divino en uno mismo (el entusiasmo de lo dionisíaco) desde la multiplicidad del mundo terrestre. (Tomado de la web http://www.esascosas.com/)
Juan Eduardo Cirlot, en su interesantísimo Diccionario de Símbolos” nos dice de la espiral: “Forma esquemática de la evolución del universo. Forma clásica con la que se simboliza la órbita de la luna. Forma de crecimiento, relacionada con el número de oro, debida, según Housay, al movimiento de rotación de la Tierra. En el sistema jeroglífico egipcio, este signo, que corresponde al vau hebreo, designa las formas cósmicas en movimiento; la relación entre la unidad y la multiplicidad. 



Se relacionan particularmente con la espiral los lazos y serpientes. Este signo es esencialmente macro cósmico. En forma mítica, estas ideas se han expresado con las palabras siguientes: ≪Del seno del abismo insondable surgió un circulo formado por espirales... Enroscada en su interior, siguiendo la forma de las espirales, yace una serpiente, emblema de la sabiduría y de la eternidad≫. Ahora bien, podemos encontrar la espiral en tres formas principales: creciente (como en la nebulosa), decreciente (remolino) o petrificada (concha del caracol). En el primer aspecto es símbolo activo y solar; en los dos segundos, negativo y lunar. Sin embargo, la mayoría de tratadistas, y con ellos Eliade, convienen en que el simbolismo de la espiral es bastante complejo y de origen incierto. Provisionalmente, se admite su relación con los animales lunares y con las aguas. Ya las antiguas tradiciones distinguían entre la espiral creadora (que se representaba dextrógira, atributo de Palas Atenea) y la destructora o torbellino (hacia la izquierda, atributo de Poseidón).
Como hemos visto, la espiral puede ser también un símbolo del centro potencial (serpiente y fuerza Kundalini del tantrismo), cual en la tela de araña. Sea como fuere, la espiral es uno de los temas esenciales del arte simbólico (ornamental) universal, bien en forma simple de curva en crecimiento en torno a un punto, o en forma de arrollamientos, sigmas, etcétera. Dice Parkin en Prehistoric Art que ≪ningún motivo ornamental parece haber tenido más atractivo que la espiral≫. Ortiz la considera semánticamente como emblema de los fenómenos atmosféricos, del huracán particularmente, pero es que, a su vez, el huracán simboliza el desatarse de las funciones creadoras (y destructoras) del universo, la suspensión del orden provisional y pacífico. 



También señala este autor la conexión del viento con el halito vital y el soplo creador. La voluta, forma espiral, simbolizo en las culturas antiguas, según él, el aliento y el espíritu. Y por eso el dios egipcio Toth aparece representado con una gran espiral sobre la cabeza. También por su sentido de creación, movimiento y desarrollo progresivo, la espiral es atributo de poder, que se halla en el cetro del faraón egipcio, en el iituus de los augures romanos y en el báculo actual. La espiral está asociada a la idea de danza, siendo muchos los bailes primitivos de carácter mágico que evolucionan siguiendo una línea espiral. Tanto esta forma danzada, como la que con tantísima frecuencia aparece en el arte desde el periodo neolítico, sobre todo en el ornamentalismo celta de Francia, Irlanda e Inglaterra, se consideran figuras destinadas a provocar el éxtasis y a facilitar una evasión del mundo terrestre para penetrar en el más allá. 



Juzgada desde este ángulo, la espiral es el intento por conciliar la ≪rueda de las transformaciones≫ con el centro místico y el ≪motor inmóvil≫, o al menos constituye una invitación a esta penetración hacia el interior del universo, hacia su intimidad.

Espiral doble

Completa la forma de la línea sigmoidea, cuyo carácter de comunicación entre dos principios opuestos se especifica claramente en el símbolo chino del Yang-Yin. Dos espirales dobles cruzadas forman la esvástica de ramas curvas, motivo que aparece con cierta frecuencia, aunque no tanta como la ordenación en ritmo continuo de series de espirales dobles. Se ha dicho que este motivo fue creado por la cultura danubiana, de donde irradio hacia el norte y sur de Europa y hacia el Extremo Oriente a través de Asia.
Mientras el meandro de líneas y ángulos rectos es un símbolo de la tierra, la espiral doble parece estrechamente asociada a las aguas. Siendo estas el elemento de transición, transformación y regeneración, la espiral doble las representa en toda su efectividad simbólica. Por eso aparece con tanta frecuencia en la cultura cretense y en otras de evidente carácter marino. Desde el punto de vista cósmico, la doble espiral puede ser considerada como la proyección plana de las dos mitades del huevo del mundo, del andrógino primordial separado en dos partes masculina y femenina, aguas superiores y aguas inferiores”.



Posibles interpretaciones.

Aún es bastante frecuente que cuando nos hablan del arte rupestre, tandamos a imaginarnos, los grandes bisontes de Altamira, los toros de Lascaux y/o las leonas de Chauvet... sin negar en absoluto el valor y la importáncia de esas magníficas creaciones de nuestros ancestros, cada vez se tiende a dar más importáncia a esos símbolos o pictogramas de tipo geométrico, abstractos, icomprensibles, que aparecen un poco por todas partes y que hasta hoy, eran considerados como algo sin demasiado valor, secundario.



Como veremos más adelante, la reflexión y el estudio sobre ellos, nos está aportando una ingente cantidad de información, contextualizando, aquellos bisontes, toros, caballos, mamuts, leonas, ofreciéndonos unas mayores posibilidades de comprensión sobre esas figuras, sus artistas y la mentalidad, ideas, creencias en las que tuvieron lugar.
La ubiquidad y perpetuidad de las espirales nos llevan a preguntarnos: ¿Són los símbolos del arte rupestre un código universal?
La aparición de la escritura responde a una necesidad del Hombre de transmitir conocimientos, fijar las tradiciones de los pueblos antiguos, y comunicarse entre sí. Pero su surgimiento no fue una explosión, sino un largo proceso, que tal vez comenzó con los primeros símbolos dejados en las rocas, fragmentos de piel, madera o hueso, durante el Paleolítico, y que poco a poco se van convirtiendo en pictogramas e ideogramas, ideas y conceptos con un significado establecido, y que comienzan a aparecer de forma recurrente. Desde hace decenas de miles de años aparecen estos símbolos que se repiten una y otra vez, en espacios geográficos y temporales muy distantes. Espirales, cruces, escaleras, ángulos, círculos, semicírculos, manos en negativo y positivo, líneas serpenteantes, zigzags… ¿Por qué?
Pueden haber tenido un origen común y formado parte de un código de comunicación o transmisión de ideas, difundiéndose a través de viajes y migraciones, o tal vez fueron el resultado de una estructura cerebral cognitiva universal. En la antigüedad, estas expresiones artísticas eran normalmente producidas por chamanes/chamanas, que actuaban bajo el efecto de plantas alucinógenas, con las que conseguían estados alterados de conciencia, que generan imágenes mentales similares a lo largo del tiempo y el espacio. Incluso esta percepción e interpretación de la información sensorial, similar en diferentes contextos espaciales y temporales, podría generarse sin necesidad de recurrir a estados alterados de conciencia. Todavía no tenemos una respuesta cierta a este problema, pero lo que sí parece muy posible, es que sean el paso previo de la escritura. Es muy probable que estos símbolos, primeros intentos de comunicación, hayan derivado y evolucionado hacia los alfabetos. Y los más antiguos, al igual que los símbolos del arte paleolítico, comparten infinidad de signos. El vinca (de parte de la actual Europa del Este, 4000 a.C.), el de la cultura Banpo (de China, 4700 a.C.), el de la cultura macedónica (de Grecia y Anatolia, hasta 7000 a.C.) y los proto-griegos (hasta 5250 a.C.), son los alfabetos considerados más antiguos. 


Alfabeto Vinca


Alfabeto Banpo



Todos, presentan signos que se repiten o son muy semejantes. ¿Tendrán un origen común? ¿Serán producto pues, de migraciones e intercambios? ¿O se deberá, tal vez, a una estructura cerebral cognitiva universal, relacionada con la ingesta de sustancias psicoactivas?


La intervención de sustancias psicoactivas


Los patrones geométricos encontrados en pinturas prehistóricas son consistentes con los modelos geométricos de las “inestabilidades de Turing” (nombre científico para la reacción bioquímica en el cerebro que la vincula a una propensión a ciertos patrones gráficos), lo que sugiere un sustrato común que podría ser explicado por el uso ritual de sustancias psicoactivas. Las pinturas de las cavernas hechas por nuestros ancestros del Paleolítico pudieron haber sido realizadas bajo trance con plantas psicoactivas, según propone una nueva investigación realizada conjuntamente por los matemáticos Takashi Ikegamide la Universidad de Tokyo y Tom Froese y Alexander Woodward de la Universidad Nacional Autónoma de México. En ella, se propone que los patrones geométricos presentes en las pinturas de las cavernas (con una edad aproximada de 40 mil años) muestran patrones similares a pesar de su ubicación geográfica, lo que sugiere un sustrato común en su origen, que los científicos ubicarían en la relación de los chamanes/artistas con los efectos de sustancias alucinógenas. 





La recurrencia de ciertos patrones geométricos en la cultura simbólica-material de muchas culturas prehistóricas, comenzando poco después del surgimiento de nuestra especie biológica y continuando en algunas culturas indígenas hasta hoy, se explica en términos de los característicos contenidos de las experiencias alucinatorias biológicamente determinadas. En otras palabras, las reacciones a ciertas sustancias alucinógenas y la forma en que los estados alterados de conciencia produjeron estas representaciones simbólicas, tendrían un sustrato biológico, y los patrones geométricos no serían otra cosa que lo que la matemática conoce como “inestabilidades de Turing”, una serie de patrones gráficos que son consistentes a lo largo de distintas culturas a través del tiempo. Esto sugiere, además, que lo que los chamanes representaban en las pinturas hechas durante el trance no eran propiamente visiones, sino representaciones de los patrones neuronales vistas a través de la hipersensibilidad posibilitada por los alucinógenos, lo que les conferiría su importancia y significación ritual. Los científicos sugieren que los patrones representados tanto en las pinturas prehistóricas, como en la iconografía de indígenas más cercanos a nuestro horizonte temporal, serían pues representaciones mentales de patrones neuronales, cuyo rango de diferenciación, sin embargo, permanece severamente limitado, lo que explicaría el parecido entre las representaciones culturales en pueblos lejanos en el tiempo y el espacio.

2. Una estructura cerebral cognitiva universal


Genevieve von Petzinger (Universidad de Victoria, Canadá) comenzó a elaborar hace años una base de datos con los símbolos que aparecen en distintas cuevas del Paleolítico, 




con lo que pudo comprobar que muchos aparecen de forma constante en diferentes cuevas del planeta entre los 30.000 y los 10.000 años. La hipótesis que defiende Petzinger es que existió un código simbólico universal con significado propio anterior a la escritura que, aunque careciese de gramática (por lo que no se le puede considerar como escritura),  sí que sirvió para la comunicación de ideas o conceptos entre distintos grupos; cree que este sistema fue pionero y se traduciría en la aparición de la escritura posteriormente. Su labor de recopilación le ha llevado a comprobar que  existen unos 26 signos que se repiten de forma constante; aunque ha ido ampliando el área de estudio y ha identificado algunos más. Con su estudio, ha  descubierto que hace 30.000 años ya se usaba el 70% de los  signos del código; estos signos  fueron utilizados durante 20.000 años sin interrupción en casi todas las cuevas prehistóricas datadas entre 30.000 y 10.000 años.  La mayoría son símbolos básicos (líneas, espirales, puntos, cuadrados…) pero también los hay más complejos, símbolos abstractos que transmitirían una determinada idea.  El significado de los símbolos se ha perdido con el paso del tiempo, por lo que es imposible descifrar su significado. A pesar de que ya se habían realizado anteriormente estudios sobre los símbolos que aparecen en distintas cuevas, nadie había realizado una base de datos tan amplia con el objetivo de comparar los signos de todas ellas; sin duda es un trabajo admirable y que debe tener su reconocimiento, al margen de que se pueda o no estar de acuerdo con las conclusiones.




Científicos como Richard Klein (Universidad de Stanford), o Nicholas Conrad (Universidad de Tübingen, Alemania) consideran que la conducta humana avanzada -que implica el uso de símbolos complejos, el arte y herramientas sofisticadas- no apareció hasta hace unos 35.000 años, durante un repentino florecimiento de la creatividad llamada “el gran salto adelante”. Señalando que obras como las de Chauvet, Lascaux y otras cuevas, así como los descubrimientos que sugieren los instrumentos musicales, las barcas y objetos religiosos, se hicieron por primera vez alrededor de este tiempo, los defensores de esta teoría argumentan que un cambio abrupto en nuestro comportamiento -posiblemente debido a mutaciones en el ADN que afectaron a nuestro intelecto y a las estructuras cerebrales- se produjo a medida que los Homo sapiens comenzaron a llegar a Europa. Estos cambios entonces desencadenaron una revolución cultural que más tarde se extendió por todo el mundo. En contra de la opinión de quienes piensan que hace alrededor de unos  40.000 años se produjo en el continente europeo lo que se conoce como “el gran salto adelante”, un despertar repentino del pensamiento abstracto, para von Petzinger, y otros investigadores como Alison Brooks (Museo Nacional Smithsonian de Historia Natural, Washington) y Peter Mitchell (Universidad de Oxford), hubo un pequeño grupo de signos sencillos que se inventaron en África, y luego en cada zona fueron apareciendo el resto. Desde Eurasia se habrían trasmitido a América. Muchos de los remolinos, cruces, círculos, ángulos abiertos y rayas, vistos en Francia se encuentran también en obras de mayor antigüedad en África. Ellos argumentan que hay un montón de evidencias que indican que los humanos habían alcanzado su potencial intelectual mucho antes de que salieran de África. Recientes descubrimientos realizados en el sur de África incluyen pequeñas puntas de sílex, las cuales pueden ser las primeras flechas que se han hecho, y piezas bellamente diseñadas de ocre que sugieren trabajos artísticos y ornamentos estaban siendo creados entre 70.000 y 100.000 años atrás, descubiertos en 2009 por Christopher Henshilwood (Universidad de Witwatersrand, Johanesburgo). No hubo “gran salto adelante”, un concepto que Mitchell ha descrito como "un sin sentido eurocéntrico".

3. Las formas entópicas


David Lewis-Williams, ya se había dado cuenta de que ciertos tipos de símbolos aparecían regularmente en el tiempo y en el espacio (siempre dentro de un tiempo geológico en el que existiese la misma especie de homínido). Este investigador considera que el hecho de que distintos pueblos paleolíticos hayan llegado a realizar los mismo “dibujos” no se puede explicar por “difusión cultural”, si no que tiene que haber otra explicación. Debido a este fenómeno, llama a estos símbolos recurrentes “formas entópicas”. 




Para explicarlo aporta un modelo neuropsicológico, según el cual las imágenes son el resultado de una arquitectura cerebral cognitiva universal; se explica que cuando experimentamos estados alterados de conciencia (EAC) y llegamos a la etapa de estallido alucinatorio, las imágenes mentales que generamos y percibimos son las mismas o muy similares a lo largo del tiempo y el espacio. Finalmente el investigador concluye que las formas entópicas son derivadas de prácticas chamanísticas; es decir, que los chamanes son los responsables de las pinturas rupestres encontradas en las cuevas de toda Europa. Tal vez no es imprescindible ingerir plantas alucinógenas para llegar a  entrar en un estado de trance en el que se tienen estas imágenes y visiones. No es necesaria la ingesta de psicoactivos para lograr entrar en estado de trance. Se ha constatado que a través de la danza, la música rítmica y movimientos espasmódicos del cuerpo, muchos chamanes lograban tal objetivo. Y al mismo tiempo, sin llegar a entrar en trance total, sino en sus prolegómenos, también se puede llegar a "visualizar" imágenes o signos de tipo geométrico, que serían los "fenómenos entópicos", también conocidos como fosfenos. Quizá las formas más simples (puntos, retículas), podrían aparecer por medio de danzas y ritmos monótonos, mientras que y las más complejas, se podrían deber a plantas alucinógenas concretas. 




Según algunos investigadores, tales visiones inducidas no son momentáneas, sino que persisten durante un cierto tiempo -quizá meses-, de modo que la periódica celebración de ceremonias en que se ingieren algunas de estas drogas, haría que tales fosfenos quedasen incorporados permanentemente en los individuos. De ahí que la visión de la realidad por parte de los individuos habituados a esta ingestión, incorpore inevitablemente los fosfenos a la visión real haciendo, por consiguiente, de esa realidad un mundo fantasmagórico que fácilmente es interpretado mediante mitos. 

4. ¿Simples garabatos de niños?


Por su parte, otros autores como Jessica Conney defienden que la explicación más plausible es que los símbolos encontrados en diversas cuevas paleolíticas de Europa no son más que simples garabatos realizados principalmente por niños, por la razón que fuera, quizá con un significado ritual o simplemente para pasar el rato, algo tan simplista que no pasa de un mero dato anecdótico dentro de las investigaciones serias sobre el tema. 
Como sea, todos los símbolos, sea cual fuere su origen y el porqué de su recurrencia, responden a la misma necesidad: perpetuar la memoria de los antepasados, transmitir esos conocimientos, y comunicarse entre sí, a través de símbolos en el arte paleolítico, signos recurrentes en las primeras escrituras, o palabras similares en los alfabetos modernos… Incluso unas 700 lenguas que hablamos hoy en día en Europa y Asia, de 7 familias lingüísticas que antes creíamos completamente independientes, parecen, según nuevos estudios, estar relacionadas entre sí, tener un origen común (gracias al descubrimiento de la pervivencia de algunas palabras de hace 15.000 años), 





de una lengua a la que se le ha llamado proto-euroasiático. (Tomado de Alex Terra Guerra)
Todas éstas hipótesis quedan parcial o totalmente en entredicho por el hallazgo arqueológico de la denominada Placa de Mal’ta en Siberia:
Mal´ta (Irkutskaya Oblast, Rusia) es un yacimiento siberiano sito en las cercanías del lago Baikal, en el cual se ha documentado una importante colección de representaciones paleolíticas muebles (18.000-15.000 B.P.). Además, el registro arqueológico ha aportado una placa de marfil que el arqueólogo soviético Boris Frolov interpretó como un calendario lunar. 



Se trata de una placa rectangular en marfil de mamut en la que mediante la incisión de orificios se ha dibujado una espiral central con siete espiras crecientes. El conjunto se cierra con dos grupos de espirales menores en los laterales de la placa.
En la espiral central se observan 243 orificios, mientras la suma del resto de las espirales denota otros 122 orificios. Un fácil cálculo de los orificios totales nos da la suma de 365, exactamente la duración de un año. Por otro lado, en la zona siberiana de Mal´ta la duración del invierno se prolonga justamente durante 243 días, por 122 del verano. Un aspecto importante a considerar y que refuerza la consistencia de la interpretación calendárica de la placa de Mal´ta es el ciclo de gestación del reno, básico en la dieta de la zona por su importante aportación calórica que ayuda a combatir las bajas temperaturas, siendo 243 días. En el reverso, pueden observarse tres formes serpentiformes.
Nada de lo que se ve, puede interpretarse como una alucinación debida a la ingesta de alguna sustancia psicoactiva, ni como un fenómeno entóptico, ni parece ser simplemente un signo puramente comunicativo, ni desde luego, un diseño infantil. Todo nos habla de una intencionalidad más allá de lo puramente estético o decorativo. No podemos saber si Frolov está en lo cierto, pero esta pequeña placa insinúa unos conocimientos y una capacidad de observación de la Naturaleza extraordinarios.
Caben aún, por supuesto, otras muchas interpretaciones, pero me gustaría terminar con las conclusiones a las que llegó Anna Polo quien en su monografía sobre las espirales de Malta y Gozo, nos dice:
"Según la arqueóloga Marija Gimbutas, la diosa venerada en Europa durante el Neolítico es una diosa del nacimiento, de la vida, de la muerte y la regeneración, y representa un cicló completo y eterno, que se experimenta como una totalidad. Todos estos aspectos no se contraponen entre sí: la diosa que dispensa la vida es también la que encarna la muerte. A esta última – que, de todas maneras, no representa el fin de todo– sigue inmediatamente la regeneración, en un ciclo inspirado por la observación de la naturaleza, donde el invierno lleva a una muerte aparente seguida luego por el despertar de la primavera y la cosecha del verano.



serpiente esculpida del templo de Ggantija


A la diosa de la vida y la muerte, del contínuum vital, se la representa a menudo como un pájaro o una serpiente, figuras que comprenden todas las posibilidades del espacio (el pájaro vuela en el cielo, mientras la serpiente es una criatura de la tierra y del mundo subterráneo) y del tiempo. La serpiente que cambia la piel para adquirir una nueva simboliza el renacimiento y el cicló continuo de la vida, una energía dinámica en continua renovación). Así es que en la diosa se refleja un equilibrio entre la vida y la muerte, una energía que honora la vida y no teme a la muerte. La espiral, se ha convertido en el símbolo del progreso del alma hacia la vida eterna y demuestra la naturaleza evolutiva del viaje que se emprende. La espiral representada en las antiguas tumbas implica la muerte y el retorno al regazo de la tierra, necesario para que el espíritu renazca en la tierra de los muertos. Muerte y renacimiento significan también la continua transformación y purificación del espíritu en el curso de la vida.
Y continúa: Este descubrimiento reforzó la sensación de que en esos templos antiguos se practicaba un trabajo con la energía -cuyas huellas habían quedado esculpidas en la piedra y pintadas en las paredes de roca por milenios‐ que ha creado una relación con aquellas mujeres que he percibido y definido como Antepasadas, lejanas en el tiempo pero muy cercanas por lo que se refiere a experiencia y sensibilidad.



En Malta y Gozo las espirales están presentes en los templos de Hal Saflieni, Ggantija, Mnajdra, Hagar Qim y sobre todo en Tarxien, siguen en general dos vertientes: una hace hincapié en la simetría y la armonía, con dos o cuatro espirales colocadas una al lado de la otra o en grupos de dos: una subraya la simetría y la armonía, la otra resalta la fuerza vital de la naturaleza, con una sucesión de espirales talladas en grandes piedras rectangulares que sugieren plantas o las olas del mar. Como ya comentado en la descripción de los diferentes templos, las estelas y las piedras grabadas con   espirales parecen indicar umbrales, un recorrido de elevación hacia un altar, de modo de concentrarse y elevar la energía para llegar al contacto con lo Sagrado y lo Profundo.
Con emoción encontré en Tarxien los motivos de espirales tallados en piedra. Pude ver dónde estaban ubicados: todas las espirales marcan los umbrales, áreas demarcadas en las que se sentía una gran energía.
La colocación de placas y estelas grabadas con las espirales ha adquirido un significado más claro y profundo, ligada a su proximidad a los altares: éstas podrían señalar un recorrido de acercamiento al altar, en general ubicado en lo alto, como punto de entrada a los espacios sagrados, ayudando también a concentrar y elevar la energía necesaria para realizar este paso.
La visita a Ggantija marco el momento crucial en el viaje de septiembre del 2010: al entrar en uno de los típicos espacios ovales de los templos, mis brazos empezaron a levantarse por su cuenta, fuera de mi control y a moverse alrededor de la cabeza formando un largo rectángulo, lleno de remolinos con forma de espirales, similares a las grandes losas de piedra talladas con espirales que delimitaban ese mismo espacio.
Hasta ese momento había sentido la energía de la cúspide como una especie de aureola alrededor de la cabeza, pero desde ese momento fue este nuevo registro el que acompañó todas las rutinas posteriores.






Continuamos con la evolución de la técnica del tallado de espirales

Esta experiencia fue muy similar a la que tuve en el segundo viaje al templo de Tarxien, cuando sentí un intenso contacto con una de las antiguas guías ligadas a ese lugar.
De nuevo mis brazos se movieron solos, como si ella los levantara, recogiéndolos en el corazón y volviéndolos a abrir en un movimiento continuo, en espiral, como un signo sagrado que representa un ciclo continuo entre el interior y el exterior, lo sagrado y lo profano.
Exactamente este fue el mensaje que la Antigua guía me comunicó: "Te enseño nuestro signo sagrado. Haz buen uso de él".
Este gesto se repitió en posteriores visites a los templos, como confirmación de una enseñanza que se ha ido perfeccionando a lo largo de los milenios.
La mayor experiencia interna de contacto con lo Profundo a través de las prácticas energéticas parece reflejarse en la belleza cada vez más sofisticada de las decoraciones, que pasan de las espirales toscas de los primeros templos hasta las espirales espléndidas de Tarxien.
Dos estelas en particular parecen contener también un mensaje expresado en forma simbólica, aquéllas   que se podrían considerar instrucciones para un estilo de vida coherente y también una indicación de las condiciones necesarias para la entrada en los espacios sagrados. A pesar de no tener una escritura real, las personas que utilizaban los templos, eran capaces de transmitir su experiencia grabándola en la piedra, como un mensaje dirigido no sólo a sus contemporáneos, sino también a las generaciones futuras.  



Final primera parte1/3

dimarts, 30 d’octubre del 2018

ULLS QUE MAI ES TANQUEN






Con la presente entrada inauguro éste nuevo blog "Somnis de Terraxaman", que viene a sustituir a los anteriores "Terra de Somnis" y "Terra de Somnis II" -tras largos meses de voluntario silencio- que con las entradas que cerraron el conjunto de lo que denominé "El árduo camino de retorno a casa", cumplieron el objetivo que en el 2007 me propuse al inaugurarlos. Podéis ver el conjunto de escritos aquí:


https://issuu.com/home/published/el_arduo_camino_de_regreso_a_casa_v

Más de 1.200.000 lectores de prácticamente todos los paises del mundo se acercaron a aquellos blogs, jamás pude haber imaginado tal cosa. Mi pequeño ego se siente profundamente agradecido por el éxito de aquella propuesta, hoy no quiero ni suponer cual será el destino de éste nuevo -por la forma- y rejuvenecido proyecto. 
Hoy más que nunca, estoy plenamente convencido de que es necesario, no, imprescindible, que tomemos consciencia de la gravedad de los momentos históricos, sociales, medioambientales que nos ha tocado vivir.
Éste capitalismo global, última fase del patriarcado, esta ocasionando unos perjuicios - ya casi- irreversibles, a la flora, fauna, a la humanidad misma, al clima, al planeta entero que nos aboca a la destrucción, a la desaparición de la vida tal y como aún la podemos conocer, pero que nuestros nietos y bisnietos -si llegan a poder existir- sólo verán en documentales...
En mi opinión, ésta toma de consciencia lleva implícita un cambio radical en el paradigma: científico, en las relaciones sociales, de género, en la forma de entender la economía, las relaciones interestatales, en la consolidación de  nueva y sincera espiritualidad a-religiosa. Ésta va a ser la dirección de todas las entradas del blog, del cual, sólo me siento parcialmente autor, en todo caso un modesto recopilador que puede ofrecer al lector interesado, una síntesis actualizada -en la medida de mis modestas posibilidades- del estado en que se encuentra un determinado tema.
Sí, ya lo sé. Sigo siendo un utópico, un soñador. ¡Que le vamos a hacer!
Os invito a que cuando leais una entrada, os atrevais a comentar. No podéis ni imaginaros lo que se agradecen.
Bien sin más preámbulos, vayamos a la entrada de hoy.

Ulls que mai es tanquen. Ojos que nunca se cierran.




“El mundo del hombre es su ojo” Proverbio Bambara




¿A que se debe el enorme poder de fascinación que ejercen los ojos sobre los seres humanos? ¿Quizás al hecho de que a través de las miradas se produce una comunicación no verbal pero perfectamente comprensible? Hay miradas enamoradas, de ternura, sumisas, dominantes, de odio, que matan...

El ojo que todo lo ve




El simbolismo durante mucho tiempo ha sido utilizado por la humanidad para comunicar ideas que mejor se cristalizaron en una forma compacta. Como dice el dicho muy conocido, ¡una imagen vale más que mil palabras! Los símbolos esotéricos están vivos hoy como lo fueron en el pasado antiguo, pero hay mucha confusión en torno a su uso, la historia, la intención y el significado.
A lo largo de la historia ha habido una fuerte tradición a través del tiempo, los continentes y las culturas en la utilización del simbolismo del ojo para representar generalmente una fuerza benevolente creadora vigilante, que ayuda y protege a la humanidad y representa una parte espiritual que se encuentra dentro de uno. El ojo como organo principal de la percepción sensorial, guarda una estrecha relación con importantes elementos como son la luz, el Sol y el espíritu. Su imagen hace referencia a la contemplación espiritual y a “ser un espejo del alma”.
Los ojos tienen una intima relación con el tiempo y el espacio, dos de los vectores por donde discurre nuestra experiencia de la dualidad en nuestro mundo tridimensional en donde estamos. Tres dimensiones que permiten ir colocando a nuestro ojo en diferentes posiciones. Cada una de las posiciones ofrece la imagen desde una perspectiva diferente, y si a esto añadimos que todos los ojos son distintos, el resultado es una inmensa explosión de información  reflejada en nuestras dos retinas.
El ojo abierto por si mismo, significa una visión permanente y omnipresente.
Podemos identificar en numerosas culturas y tradiciones la existencia de tres clases de ojos:
1.   El ojo físico que es el que percibe la luz
2.   El ojo frontal, también llamado “tercer ojo”
3.   El ojo del corazón que percibe la luz espiritual




Si los dos ojos fisicos corresponden al sol y a la luna, el tercer ojo corresponde al fuego. Es el ojo de la sabiduría de los budistas que permite la visión interior, siendo la exteriorización del ojo del corazón.
El ojo del corazón es el hombre viendo a Dios, pero también Dios viendo al hombre. Es el instrumento de la unificación de Dios y el alma, del principio y la manifestación.
Silesius afirmaba: “El alma tiene dos ojos, uno mira el tiempo y el otro está vuelto hacia la eternidad”.
La abertura de los ojos es un signo que representa la abertura hacia el conocimiento. 
El ojo que todo lo ve, lamentablemente se ha convertido en un invento de los manipuladores y la mayoría de religiones lo han incluido dentro de las herramientas que sus respectivos dioses tienen para conocer todos tus pecados, por muy escondidos que estén. 



Nada se escapa a este ojo celestial que funciona las 24 horas del día con el que los pecadores de este mundo quedan retratados con todo lujo de detalles.
Más adelante recuperaremos el tema del ojo.

Retrocedamos unos cuantos milenios en el tiempo.
Las primeras representaciones humanas las podemos encontrar en el Paleolítico Superior y las podemos fechar en el Auriñaciense (30.000 a. C.). Pero es en el período conocido como Gravetiense cuando se produce una auténtica eclosión de esculturas, representaciones femeninas, con un canon muy preciso: cuerpo obeso, grandes mamas, barriga enorme y nalgas prominentes.




Podemos admitir que estas figuras femeninas tenían un significado religioso. Podrían ser Ídolos de la Fertilidad, imágenes sagradas de los poderes de lo Femenino que da vida y alimento, Diosas Madres o simplemente Diosas.
Como es sabido el final del Paleolítico coincide con el retroceso de lo hielos de la última glaciación. Con la desaparición de éstos, hacia el año 10.000, los hielos se retiran hacia los polos y comienza la época llamada post-paleolítica. Muchas tierras quedaron al descubierto, territorios que fueron colonizados por una fauna y una flora diferente a la anterior. Al mismo tiempo se produce un aumento del nivel del mar, que, en muchos lugares, llegó a subir unos ciento cincuenta metros. Así, por ejemplo, el archipiélago que forma el país de Malta estaba unido a la costa de Sicilia y hace unos 8000 años se separó de la isla italiana.
Desaparece la Gran Caza, los grandes mamíferos, como el mamut, el rinoceronte lanudo, etc. y se hace necesario un cambio en la economía. Las mujeres que antes se dedicaban a la recolección de frutos, ahora empiezan a distinguir los distintos tipos de vegetales: comestibles, aptos para hacer tejidos, con propiedades curativas, con poderes afrodisíacos o embriagadores… Ellas empiezan a cultivar la tierra y a elaborar la cerámica para guardar los granos de los cereales recolectados. 
Y es en este período proto-agrícola cuanto la mujer alcanza unos poderes insospechados debido a la importancia que estas nuevas técnicas que estaban en  sus manos. Es entonces cuando algunos autores empiezan a hablar de un mítico “matriarcado”. 
Las mujeres son como la gran diosa primordial, la Madre Tierra porque ellas son como la Tierra que guardan en su seno la semilla de la vida: el alimento vegetal o el hijo que lleva en sus entrañas. Se buscaba el origen de la Diosa en la fecundidad de la Tierra porque, como dice Marija Gimbutas: “La diosa del Neolítico tenía la capacidad de hacer surgir todo tipo de vida de su propio cuerpo”.
Pero, tal como hemos visto, “La figura de una mujer grávida no aparece por primera vez en los comienzos del Neolítico, sino antes, esto es, durante el Paleolítico, lo que evidencia que el símbolo fértil del útero es, al menos, tan antiguo como el arte de crear figurillas (…). En cualquier caso, el simbólico motivo paleolitíco de una mujer grávida, con manos en el abdomen, pervive hasta el Neolítico”




Muchos teólogos y filósofos opinan que la religión nació con la consciencia del ser humano. Que en el hecho de preguntarse qué es y por qué está ahí ya se adivina una inquietud mística, que en todo caso, no es más que el germen de una religión. Aunque a la Humanidad de hoy en día no le sea sencillo interpretar las viejas creencias de la noche de los tiempos.
Sí sabemos, sin embargo, que las primeras sociedades tribales de las cavernas ya expresaban su religiosidad y sus cultos, a través de las pinturas rupestres. Eran estas creencias chamánicas, naturalistas, muy ligadas al entorno y las condiciones climáticas en las que nuestros antepasados vivían.

El primer gran culto descubierto por la Arqueología

De esas primitivas creencias la más conocida, y posiblemente una de las más importantes sea el culto a la tierra, entendida como madre fecunda, y cuyo icono representativo más famoso son las paleolíticas Venus de Willendorf, estatuillas bastas de robustas mujeres encintas que representan la fertilidad.
Más adelante en el tiempo, con la llegada de la agricultura y la ganadería el culto a la tierra no solo no declinó, sino que se diversificó, y por decirlo de algún modo, se hizo humano. Los primeros poblados conocidos, como los de Malta o Çatal Höyuk, en Turquía, dan muestra de ello, con sus estatuas dedicadas a una diosa madre ya plenamente identificada como tal. Es un culto que se popularizó en todo el entorno mediterráneo, y que por supuesto llegó a tierras ibéricas.

Modestas figuras de un gran misterio

Los ejemplos ibéricos de ese culto pueden parecer modestos, si los comparamos con otros encontrados en países próximos, pero su difusión en los yacimientos más importantes del Neolítico y Calcolítico peninsular nos hace pensar que no por ello fue menos importante ni profunda esa creencia.



Los ídolos oculados, y los ídolos placa o sandalia, rescatados principalmente de sitios como Los Millares, o de dólmenes y monumentos megalíticos del sudoeste peninsular, aunque se extendieron un poco por toda la península (Portugal, Extremadura, Andalucía Occidental…) son las expresiones más evidentes de los cultos a la diosa madre de que disponemos en nuestro suelo.
Son pequeñas estatuillas, de hueso, marfil o piedra, que representan una cara, o un cuerpo esquemático, con dos grandes ojos, rodeados de otros círculos que parecen hacer notar la mirada siempre atenta y vigilante de la deidad fecunda, solicita, siempre atenta a las necesidades de sus devotos, y a menudo sufrientes, creyentes. Puede que sea la primera muestra arqueológica de una religión conocida en nuestro suelo, sobre la que se sabe poco, y se investiga con menos medios de los necesarios.


          

Al contemplar de cerca estas figuras, uno siente la importancia que las comunidades antiguas dedicaron a esas figuras. Se siente, por así decirlo, el poder místico del culto a la tierra, a su protección. Al anhelo de una vida llena de beneficios, donde jamás falte el alimento y donde el ganado y las mujeres sean siempre fértiles, para que el pueblo que realizó esas estatuillas e ídolos pudiera crecer y prosperar, en un mundo que ya no era tan hostil como en los viejos tiempos paleolíticos, pero donde aún varios años de sequía y esterilidad significaban la hambruna y la muerte.
Y lo peor de todo es que, aunque creamos saber su función, en realidad su existencia aún es un Misterio sobre el que la Arqueología planea, sin llegar a desvelar del todo su función. Y quizás, para algunos soñadores, sea mejor que siga así.

Pero vayamos por partes.

Hace ya algunos años, se descubrió en Tell Brak, un sitio arqueológico ubicado en la fértil cuenca del Nar al-Khabur, en lo que hoy conocemos como Siria, el denominado Templo de los Ojos (Eye Temple) dedicado a la Diosa Madre Isthar, llamado así por los miles de pequeños ídolos de diversos materiales que se encontraron allí. 




Estos curiosos objetos tienen cuerpos casi cuadrados y cabezas delgadas delgadas talladas con de dos a seis grandes ojos.
Algunos son muy sencillos, hechos de barro:


otros con raros y lujosos materiales, como el cristal de roca



la mayoria son individuales, pero otros representan a varios individuos (familias?):




Poco o nada sabemos de su significado, aunque algunos de los especalistas que se han dedicado a estudiarlos, parecen señalar que serían una especie de ex-votos (ofrendas) a la diosa madre, para solicitar algún favor: suerte, protección, salud, etc.
Incluso hay dos, que parecen explícitamente talismanes, contra el mal de ojo:




El arraigo milenario que arrastraba la civilización occidental hasta 1945, hacía que en lugares como España se hubieran conservado supersticiones y cultos de origen milenario. Una de las más extrañas fue la del Mal de Ojo o Aojo; superchería en la que se creía hasta hace medio siglo en gran parte de nuestro territorio (principalmente en los ámbitos rurales), aunque aún recuerdo que en plena década de los 80, tuve que tratar de convencer sin éxito, a varias madres de alumnas supuestamente afectadas de aojo, y eso en la muy cosmopolita ciudad de Mataró en Catalunya. Costumbre que por su rareza pude estudiar durante un tiempo, llegando a la conclusión de que su origen estaba al menos en el Egipto Predinástico y en la Mesopotamia de comienzos del IV milenio a.C.. Manteniéndose el temor a su maldición entre múltiples culturas y durante decenas de siglos; llegando a mundos tan diferentes como el fenicio, el griego, el romano, el de Israel, el ibérico, el cristiano o el musulmán. 



El mal de ojo no es sólo un tema bien conocido en el misticismo, también se ha convertido en un término coloquial en la cultura moderna. Cuando uno mira a otras personas con celos, envidia o incluso con malicia, se dice que esa persona está dando el “mal de ojo”. El mal de ojo se ha asociado a diversos credos y naciones a lo largo de los años, de la magia y la brujería más oscura.
El cristianismo siempre representa el mal de ojo como una práctica del ocultismo, haciendo referencia al término en sentido figurado, tanto en el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento como el resultado de la envidia o la codicia. 
A lo largo de la historia se han encontrado referencias literarias referentes al mal de ojo, y gran parte de ella proviene de la región mediterránea. Desde Platón, el filósofo griego que vivió en el año 400 a.C. hasta Ateneo, un retórico que vivió en el año 200 d.C. aluden al mal de ojo en sus escritos, lo que demuestra que esta creencia es una tan antigua como la historia misma. La realidad es que en toda la historia de la humanidad ciertos individuos han tenido habilidades paranormales que les permitían hacer daño o incluso matar a otros aunque fuera intencionadamente o accidentalmente.
El mal de ojo se refiere a la habilidad sobrenatural para lanzar hechizos o ejercer poder sobre las vidas de los demás con una simple mirada. Al mirar a otra persona y “echando el mal de ojo”, se puede inducir a una maldición sobre sus semejantes que a su vez les embrujarían o harían daño a todo un pueblo. En la antigua creencia religiosa, las personas que eran capaces de este poder tenían la capacidad de provocar grandes desastres como enfermedades, dolencias físicas o incluso la muerte de su víctima.
También tenemos que resaltar la importancia del color de los ojos. Las personas de ojos de color claro eran consideradas como poseedoras o posibles transmisoras de la maldición. 
Todas las personas podemos ser víctimas del mal de ojo, desde los más jóvenes como bebés y niños pequeños hasta las personas más ancianas. También se pueden ver afectados los creyentes y los no creyentes, incluso el ganado o una posesión inanimada.
Quizás ésto nos ayude a entender la existencia de éstos pequeños ídolos:



Pero además, otras culturas también han buscado protección contra el "aojo".

El Ojo de Horus




La representación del ojo de Horus era utilizada en Egipto como un poderoso amuleto curativo que preservaba de las enfermedades de los ojos y potenciaba la visión. Su origen como amuleto se sitúa en la leyenda egipcia que relata la lucha que Horus sostuvo contra Seth. Como consecuencia fueron numerosos los Udja depositados en las tumbas como amuletos protectores de los difuntos, que aseguraban la reconstrucción del ser en el más allá. Su popularidad como amuleto en el mundo egipcio hizo que se extendiera por todo el Mediterráneo occidental. 



La iconografía de tipo egipcio fue adoptada por las poblaciones indígenas, durante la I Edad del Hierro en l área de influencia Tartésica como consecuencia de los contactos con fenicios y foceos." 

Mano de fátima



El ojo que está en el medio de la mano es el ojo turco y que según ellos los sentimientos salen a través de la mirada y por eso nos tenemos que proteger del mal de ojo o la envidia,
Con el mismo valor en la cultura judía se encuentra la Hamsa:


y así podríamos seguir indefinidamente.
Otra de las hipotesis que se han dado para explicar la apariencia de éstos extraños ídolos, como no podía ser de otro modo, ha sido la de los extraterrestres...


En la página web Maestro Viejo se nos dice: Llegaron a la Tierra muchos seres externos a ella a través de las diferentes edades; sus formas físicas han podido ser muy diferentes tal como nos muestran las muy diversas representaciones que nos han llegado de ellos. Algunos se mostraron sabios, benevolentes y con clara intención de ayudarnos a crecer, tanto en lo material (agricultura, ganaderia) como en lo espiritual (revelaciones y profecías); pero otros trataron de aprovecharse de nosotros a través de las emociones negativas, como el miedo, y haciéndonos sus servidores (los temibles reptilianos). Todos ellos hubieron de estar mucho más avanzados que nosotros en tecnología, en otro caso no pudieran habernos visitado, y con esta podían realizar hazañas que a nuestros antepasados les pudieron parecer milagrosas. Por ello nuestros antepasados los tomaron por dioses. Muchos de ellos llegaron a través del gran portal interdimensional del golfo de Aden y en esa zona crearon grandes civilizaciones a través de extensos periodos de tiempo; las figuras representativas  de estos seres tienen similitudes por todos los rincones de la Tierra como si las distancias no hubieran sido un problema para ellos.

Pero volvamos al tema que nos ocupa.

En la península ibérica, el Neolítico Final y la Edad del Cobre (IV y III milenios ANE) fueron periodos caracterizados por una gran eclosión de creatividad artística y plástica. Esta creatividad se manifestó en medios y soportes muy distintos, que incluyeron el arte rupestre, el llamado arte megalítico (conformado por las grafías grabadas y pintadas que decoraban algunos monumentos megalíticos, 



así como por la estatuaria en piedra que les estaba asociada), las cerámicas simbólicas, que muestran decoraciones muy elaboradas, así como la miríada de tipos de ídolos y figurillas que por centenares se encuentran en todos los yacimientos de este largo periodo. Los ídolos calcolíticos constituyen de hecho un conjunto de elementos materiales del mayor interés; en soportes diversos, tales como placas de pizarra, huesos de animales o cilindros hechos en piedra, nos muestran una rica imaginería que es reflejo de las complejas cosmovisiones de estas sociedades. 
Aunque el ámbito de las creencias religiosas y el simbolismo es difícil de tratar arqueológicamente, pues exige datos precisos y de buena calidad, lo que salta a la vista es que tales cosmovisiones estaban pobladas de antepasados importantes, a los que se daba culto, y de seres sobrenaturales y divinidades que mostraban una fuerte afinidad con la naturaleza y, sobre todo, los animales. Dentro de este contexto, el oculado, uno de los motivos más omnipresentes, ha sido siempre considerado como símbolo de una gran divinidad tutelar que todo lo ve y lo conoce. 



Recientemente hemos encontrado una magnífica placa de oro en Valencina de la Concepción (Sevilla), en la que se representaron varios motivos oculados. Se da la curiosa circunstancia de que los únicos motivos oculados conocidos sobre piezas áureas se encuentran en Valencina de la Concepción y su entorno inmediato, lo que quizás sugiere que esta combinación de elementos (oro + oculado) conformaba un identificador étnico o cultural de las poblaciones del bajo Guadalquivir. Con la transición a la Edad del Bronce en torno a 2200 ANE toda esta riqueza artística y plástica desapareció de una forma abrupta.
Como veremos, en unos casos conocemos las circunstancias precisas de localización de los objetos, mientras que en otros carecemos de la información más elemental. Sin embargo en conjunto podemos reconstruir un panorama general en el que observamos la importancia que este motivo iconográfico alcanzó en la mitad meridional de la Península con el desarrollo de la economía productiva, sobre todo desde las fases avanzadas de la misma, donde los oculados son una más de las representaciones que venimos vinculando al campo simbólico.


Aunque encontramos algunos paralelos a las manifestaciones oculadas en otros puntos del Mediterráneo, es en la Península Ibérica donde este tema alcanza un mayor protagonismo. A lo largo de las siguientes páginas se encontrarán referencias que nos hablan de la importancia otorgada a estos objetos, como son los datos relativos a la reutilización y/o transformación de los ídolos, su producción en talleres especializados, su relación con el referente humano, plasmada en las posibles representaciones de tatuajes e indumentaria y el papel desempeñado tanto en los ajuares funerarios, como en el conjunto de imágenes simbólicas de estas sociedades.
El tema del oculado, a veces visto como soliforme, es una idea antigua que se remonta al Neolítico Antiguo y no exclusiva de la Península Ibérica, aunque fue en ella durante el Neolítico Final y el Calcolítico donde y cuando parece que tuvo un éxito especial. El oculado o soliforme, formado por un círculo con una aureola de rayos alrededor, aparece representado sobre cerámicas del Neolítico Antiguo.
En el año 2009, se celebró en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid, un simposio sobre éstos ídolos oculados, 


os adjunto el enlace con el que podéis acceder a los materiales que allí se debatieron: 

http://www.man.es/man/estudio/publicaciones/conferencias-congresos/2009-Ojos
de los que hemos extraído además del título, algunos de las ideas que se exponen en la presente entrada.
Sean lo que sean, representaciones esquemáticas de la religión centrada en el culto a la Gran Madre Tierra -como defienden la mayoría de los especialistas-, u objetos mágicos con una función apotropaica o protectora, protegen a los vivos y sus posesiones de las fuerzas del mal que se transmiten a través de la miradas, que servirián de elementos guardianes del saqueo y profanación de las tumbas de lo muertos que se basan en el principio de que si el enemigo es visto y descubierto éste no puede ya hacernos daño; lo cierto es que caben aún muchísimas otras interpretaciones, más adelante retomaremos éste importante aspecto.

Una Venus egipcia del 6000 ane. que está revolucionando la egiptologia.



Van a tener que revisarlo todo, tanto en el Louvre como en los libros de historia. Si los análisis confirman el hallazgo del arqueólogo y egiptólogo francés Luc Watrin, entonces la más antigua estatuilla de la prehistoria egipcia no está en un museo ni en ninguna publicación, sino en una colección privada en París. Esta estatuilla, tiene una datación de "unos 6000 años antes de Jesucristo", dice Luc Watrin sosteniendo en sus manos el objeto comprado por un coleccionista privado hace doce años en la Galeria Cibeles de París. La estatuilla es de basalto, de color gris y grano muy fino, y tiene unas dimensiones de 18 cm de alto por 10 cm de ancho. Su forma es de barril, con dos agujeros para los ojos, una nariz recta y ligeramente truncado en la parte superior y en la base, y con curvas voluptuosas sorprendentemente contemporáneas.
Esta es una "diosa madre", afirma este investigador independiente, que asienta su notoriedad en más de ochenta publicaciones (incluidas en GREPAL, Grupo de Investigación Europea de Arqueología en el Levante, y que él dirige), así como en múltiples participaciones en congresos internacionales.
"Nadie habría podido predecir tal descubrimiento", aduce Emmanuelle Honoré, arqueóloga agregada al equipo de África, una sociedad mediombiental del UMR 7041 para la arqueología y las ciencias de la antigüedad en el CNRS, que ha podido ver el objeto. "Esta estatuilla muestra cierta idealización de la imagen de la mujer en momentos en que las representaciones femeninas eran extremadamente raras. La misma es estilizada, y va permitir comprender las preocupaciones intelectuales durante la prehistoria egipcia. Su significación antropológica es inmensa".
Independientemente de los efectos revolucionarios que ésta estatuita pueda provocar en los círculos de egiptólogos profesionales o aficionados, lo cierto es que en mi opinión, establece un precedente para nuestros ídolos oculados, creando un motivo o modelo que se expandiría por toda el área mediterrania, hasta llegar a la Península Ibérica.
El motivo soliforme se encuentra presente en las decoraciones impresas de Neolítico antiguo. Durante el Neolítico antiguo y medio peninsular existen también diversos recipientes cerámicos decorados con ojos que muestran que el tema oculado se encuentra presente en la Península Ibérica con anterioridad a la proliferación de los ídolos oculados. 

La Venus de Gavà


Una de las primeras imágenes peninsulares que presentan decoraciones solares u oculadas entre la cerámica del Neolítico Medio de los Sepulcros de Fosa en Cataluña, destaca la pieza antropomorfa descubierta en las Minas de Gavà, en la que el motivo solar se utilizó para representar explícitamente los ojos. Esta pieza constituye, probablemente, uno de los precedentes más evidentes de los ídolos oculados conocidos durante el Neolítico Final y el Calcolítico en la mitad meridional de la Península Ibérica. 
La pieza antropomorfa de Gavà fue hallada rota en varios fragmentos, de los que pudieron ser unidos siete y que permitieron reconocer una parte significativa de la misma. Los fragmentos de esta pieza fueron descubiertos con las excavaciones que entre los años 1992 y 1994 llevó a cabo la arqueòloga Alícia Estrada, en el relleno de uno de los numerosos pozos mineros de época neolítica conocidos en Gavà, concretamente en el número 16. Los fragmentos de la pieza antropomorfa de cerámica de Gavà fueron hallados repartidos por diferentes niveles del relleno del citado pozo número 16, desde el nivel 2 hasta el 8. Los fragmentos de la pieza antropomorfa de Gavà quedaron enterrados en el Neolítico al lado de un conjunto de materiales arqueológicos numeroso y variado. 
Entre ellos distinguimos una gran multitud de fragmentos de cerámica correspondientes a un considerable número de recipientes, algunos de los cuales han podido ser reconstruidos; distintos tipos de industria lítica, entre los que distinguimos sílex tallado, azuelas y hachas sobre rocas pulimentadas, picos y mazas de minero sobre rocas picoteadas, o distintos tipos de útiles para la elaboración de adornos corporales; así mismo han sido halladas un gran número de cuentas de variscita rotas durante su proceso de elaboración; también quedaron enterrados materiales de construcción en tierra correspondientes a estructuras de hábitat que debían existir en la superficie, no lejos de la boca de esta mina; restos de fauna que pertenecen a diferentes especies de animales, tanto doméstica como salvaje y tanto terrestre como marina; por último distinguimos los numerosos restos botánicos aparecidos, carbones de madera, semillas y polen de diferentes especies vegetales, tanto silvestres como cultivades.
Un relleno como el que aquí acabamos de describir parece resultado de la voluntad, por un lado, de acumular desperdicios o basuras en el interior de las minas abandonadas y, por otro lado, de evitar amontonar los residuos mineros fuera de ellas, lo que habría dificultado la apertura de nuevos pozos o la localización de cultivos que según la palinología estuvieron emplazados muy cerca de ellos. Aunque no podemos descartar que el colmatado de las estructuras mineras tuviera también un significado mágico relacionado con la creencia de que al rellenar las minas se devolvía el subsuelo explotado a su estado original propiciando la regeneración espontánea del mineral en el seno de la tierra, mito recogido por autores de la antigüedad como el griego Estrabón o como el latino Plinio el Viejo y quizás de origen prehistórico.
En cuanto a la cronología de la cerámica antropomorfa de Gavà, dadas las características de los materiales que acompañaban a sus distintos fragmentos podemos situarla en el Neolítico Medio: las dataciones se sitúan entre los años 4000 y 3800 a.C., es decir  dentro del primer cuarto del IV milenio a.C.
La pieza antropomorfa de Gavà es, como hemos dicho, una pieza de cerámica. El color de su pasta es rojo, mientras que el de las superficies interna y externa es negro. Éstas presentan un acabado bruñido que junto con la coloración oscura de la superficie resulta característico de muchas de las cerámicas del Neolítico Medio en lo que hoy es Cataluña. La pieza está decorada con relieves e incisiones muy finas y rellenas de una pasta de color blanco, quizás elaborada con polvo de conchas trituradas, lo que acentúa el contraste entre las incisiones y el fondo negro haciéndolas más visibles.
Los ojos de la pieza de las Minas de Gavá son circulares, semejantes a soles, con el centro en relieve y una aureola de líneas incisas a su alrededor. La nariz está representada también en relieve, estrecha, alargada y con los agujeros de las dos fosas nasales marcados. Por debajo de la nariz existe un motivo inciso, con forma de peine y una línea quebrada ascendente en cada extremo, en el que vemos la representación de un collar.




También están representados en relieve los pechos y las extremidades superiores. Éstas dobladas en ángulo recto por el codo, con ocho incisiones transversales sobre cada antebrazo que representan pulseras y otras incisiones parecidas en la parte superior de los brazos. Las manos están abiertas y con las palmas apoyadas sobre el vientre y por debajo de la mano izquierda se observan unas líneas incisas que dibujan parte de un ramiforme sostenido por dicha mano. El vientre está abultado como el de una mujer embarazada y con unas líneas horizontales paralelas en sus dos costados que quizás representen las estrías que son propias del abdomen de una mujer encinta. La representación del embarazo, junto a la de los pechos, no deja ninguna duda de que se trata de una representación antropomorfa femenina.
Las medidas de la parte conservada de la pieza antropomorfa de Gavà son 16 cm de altura, 11 cm de ancho y 6,6 cm de fondo. Tiene la cabeza unida directamente al cuerpo, sin que aparezca el cuello ni tampoco la boca. Por su morfología podemos decir que sigue un canon desproporcionado, ya que los ojos y la nariz no guardan proporción con el cuerpo, los pechos o las extremidades superiores. En cuanto a la estructura de la pieza, se observa que es simétrica respectoa un eje vertical que pasa por la nariz, el pectiniforme y las manos; así mismo se observa que está organizada a partir de unos ejes verticales (nariz – manos, ojos – pechos y brazos) y horizontales (ojos, pechos y antebrazos).



En cuanto a la interpretación de la cerámica antropomorfa de las Minas de Gavà pensamos que existen argumentos que permiten relacionarla con cultos a la fertilidad,  la fecundidad y una “diosa madre”. Una interpretación como ésta se deduce del color negro de la pieza, que estudios sobre simbolismo antiguo vinculan a la fertilidad (Gimbutas 1990: 144), de la feminidad de la pieza, como hemos visto visible en la representación de los pechos y del embarazo, y de la evocación de la maternidad, a través del mismo embarazo y de la posición maternal y protectora de las manos sobre el vientre.
Para acabar con el tema de los ídolos oculados en Catalunya, donde no se han hayado más que unas pocas representaciones, añadimos la siguiente fotografia de algunas de ellas...



Y del menhir recientemente descubierto en el Pla de les Pruneres en Mollet del Vallés:





A lo largo de más de un siglo, las representaciones oculadas peninsulares han sido interpretades de diversas formas que desde el punto de vista "oficial" bien podrían agruparse en dos grupos. Por una parte las que postulan que se trata de representaciones de una divinidad y, por otra, las que ven en ellas una representación simbólica de las personas a las que se asocian en las sepulturas.
La primera opción -como ya hemos apuntado anteriormente- es la que más opiniones reúne y más variedad muestra en la interpretación de sus atributos. A comienzos del pasado siglo M. J. Déchelette las consideraba como rostros tatuados de una divinidad femenina en su carácter de divinidad funeraria, protectora de las sepulturas.




Así mismo han sido relacionadas con la divinidad femenina mediterránea de los «ojos de lechuza » que aparece en el Próximo Oriente a fines del IV milenio a.C. (Gimbutas 1991). Los ojos serían el símbolo de la diosa Ave y el tatuaje facial simbolizaría el agua que fluye, 



mientras otros investigadores ven en los oculados a la diosa de los ojos de sol o de fuego, una divinidad de los metalúrgicos del cobre y, para los ejemplares que presentan un segundo par de ojos, se ha sugerido que serían la representación de pechos.
La otra corriente interpretativa considera a los pequeños ídolos de las sepulturas megalíticas peninsulares como la representación de antepasados (Eliade 1974). En este sentido se ha postulado que los oculados sobre huesos largos podrían actuar como elementos de carácter heráldico, al darse una situación similar a la de los ídolos placa, siguiendo la teoría de K. T. Lillios (2008: 135–151) quien postula que las placas serían emblemas estrechamente vinculados a la identidad del inhumado cumpliendo una función heráldica, representando la filiación genealógica y el linaje de individuos de la élite, viendo en los diversos motivos geométricos el linaje y en las filas horizontales el número de generaciones pasadas desde el ancestro originario. En opinión de esta investigadora, las placas surgirían en un ambiente de competición social para controlar el acceso al territorio y a los recursos de la región del Alentejo, suelos fértiles y afloramientos de cobre y de amfibolites.
El hecho de que no coincida el número de oculados con el número de enterrados en un sepulcro lleva a pensar que no todos los integrantes de la comunidad eran merecedores de tal “privilegio” o distinción, de lo que se podría hacer una lectura en términos de desigualdad social, como puede deducirse de otros elementos peculiares del registro funerario como los colgantes acanalados. 


Pero las características de los depósitos no permiten, con los datos actuales, asociar estos elementos a una élite o a un grupo social determinado en función de su genero o edad.
Todo parece apuntar a que ante la variedad formal de los ídolos del Neolítico final y del Calcolítico peninsular, habría que descartar en este momento un pensamiento religioso monoteista y considerar la existencia de la creencia en diversos entes divinos relacionados con distintas actividades de la vida y con la muerte. Los ojos abiertos de los ídolos oculados llevarían codificado un mensaje (¿mirada divina protectora o vigilante?) que no parece ser el mismo que portan los demás ídolos sincrónicos carentes de detalles faciales. Sea cual fuere el verdadero significado de los ídolos, parece evidente que juegan un papel importante en el mundo funerario, toda vez que con frecuencia acompañan a los muertos, bien de forma individual relacionados con un cráneo, como se observa con algunos ejemplares valencianos, bien como depósito colectivo agrupados en un lugar del sepulcro, como sucede en La Pijotilla.



Aunque en cada región la representación de los ojos adopta unas peculiaridades propias, unos componentes iconográficos semejantes, y el empleo de huesos largos como soporte, repartidos en un área geográfica tan amplia, han de responder a un trasfondo simbólico–religioso común aunque pertenezcan a unas realidades culturales diferentes, que encuentra explicación en las amplias redes de intercambio de alcance interregional que se observan durante el Neolítico final y Calcolítico de la mitad Sur peninsular, donde circulan abundantes materias primas, objetos manufacturados y también, muy probablemente personas, las cuales portarían consigo sus referentes simbólicos.

podemos admitir que el tema “oculado” por su reiteración constituye la esencia de la ideología religiosa de estas sociedades del IV y III milenio a.n.e.




En la situación actual no resulta factible establecer interpretaciones artefactuales al margen de su realidad contextual y de las evidencias que conectan las placas decoradas con elementos de variado soporte y ubicación. Es esa perspectiva más integral en el marco de las representaciones antropomorfas que se asocian al megalitismo ibérico.
La confluencia de estas piezas en el Alentejo y su dispersión en el entorno de este núcleo megalítico, avala su posición central en la producción de este tipo de objetos. Su cantidad, su calidad y las sensibles diferencias en las técnicas, materias primas y diseños geométricos, nos sirvieron para proponer una interpretación de talleres con marcos regionales o comarcales de distribución y, en ese rango de hipótesis, de un artesanado que incluiría a sus productores y usuarios en el camino a la desigualdad social.
Efectivamente, existen algunas placas que nos permiten suponer, por la elaboración de los diseños y por la perfección de sus decoraciones, la existencia de unos artesanos muy especializados en la producción de estas placas:


Pero hay tambien otras en las que no podemos ver la especialización por ningún sitio, más bien lo contrario:




El destacado papel de las imágenes humanas en el conjunto gráfico del megalitismo europeo supone una referencia incuestionable en la que comprender las placas decoradas como una más de las versiones, en este caso portátil, que hemos propuesto interpretar como especializaciones identitarias. 



La tradicional interpretación del megalitismo alentejano situaba en el interior de sus megalitos la presencia de abundantes placas decoradas realizadas mayoritariamente sobre esquisto. Su valoración como imágenes de diosas orientales realizadas en materias primas de carácter local, corría pareja a la de un megalitismo tardío dependiente del Sureste que fijaba el desarrollo de estos objetos a partir de la segunda mitad del III milenio cal. BC.
En el contexto de la perspectiva orientalista hay que incluir su interpretación como ídolo de la “diosa”, el objeto que permite conectarse con ella. Imágenes femeninas de carácter apotropaico, ojos que todo lo ven, manifestaciones de lo sagrado o “deusas da noite”, aludiendo a su aspecto de lechuza.




Referencias todas más poéticas que contrastables, pues lo cierto es que las representacions que nos ocupan tienen ojos porque ese es un elemento indisociable de la figura humana y su definición sexual es muy difícil de establecer en una parte importante de los casos. El protagonismo de los ojos–soles en algunas de las placas, conecta con la asociación más común en todo el arte esquemático ibérico, la que une de modo constante figuras antropomorfas con imágenes solares en tipos mixtos antropomorfo/sol que superan la realidad humana y que deben aludir a personajes míticos. Esto es así en el caso de las placas decoradas y en el de otros muchos objetos, o en los paneles con grafías pintadas y grabadas.
Las placas serían, pues, una versión más de un panorama muy generalizado de imágenes no reales que tienen en el sol su referencia más constante, como sucede en la mayor parte de las culturas agropecuarias.




Nuestra identificación de talleres y decoraciones con delimitación grupal de caràcter identitario, se suma a la hipótesis de Lisboa y Gomes y se traduce en la definición de las placas como objetos heráldicos. La variedad de decoraciones geométricas y de perfiles se ha venido esgrimiendo como base de tipologías más o menos complejas, en las que se da cabida a tipos mixtos. Admitiendo que la imagen humana es la intención básica de estas piezas, optamos por establecer dos grandes grupos, uno de contornos más claramente antropomorfos –A–, y en ese sentido, de elementos de vis escultórica, y otro de contornos y decoraciones de fuerte tendencia geométrica.
Por un lado las placas que se asocian a individuos concretos, que hemos propuesto definir como “amuletos–placa” y, por otro, las que desempeñan papeles escultóricos –“estelas-placa”–, ocupando lugares a la entrada de la cámara o a la entrada del monumento, que responden a ofrendas de carácter colectivo.




El conocimiento cada vez más amplio de los proyectos integrales que afectan a la decoración de los monumentos megalíticos, incluye el destacado papel de los sintagmas geométricos. Estos reiteran temáticas conocidas en las diversas variantes de placas decoradas, sustentando una trasposición de significados entre soportes muebles y soportes parietales que creemos del máximo interés.Todos reflejarían imágenes humanas vestidas con mantos que les cubrían por completo, identificados por decoraciones geométricas más o menos elaboradas .
Los objetos que nos ocupan son una versión portàtil de las que forman parte del imaginario que se aplica al mundo sepulcral relacionado con el culto a los ancestros. Los soportes de los dólmenes son grandes placas escultóricas que representan figuras humanas en versiones más o menos explícitas.



Se han distinguido 8 tipos principales de placas a partir de la estructura compositiva, la forma, número de perforaciones, número de caras grabadas y motivos presentes, identificándolos como tipos I a VIII:

Tipo I: Clásico. 







Constituye el tipo de placa más abundante y ampliamente distribuido. Las placas clásicas tienen una estructura compositiva bipartida consistente en un tercio superior estrecho y dos tercios inferiores (base) más amplios. La parte superior tiene también un campo triangular vacío en el centro (a menudo con una perforación) y un conjunto limitado de motivos, tales como correas, uves invertidas o rayos. Separando las partes superior e inferior hay bien una única línea horitzontal o bien una o varias bandas horizontales, que pueden aparecer sin decoración o decoradas con retícula, triángulos o algún otros motivo geométrico. Los elementos decorativos se concentran en la base, encontrándose uno o más de una serie de seis motivos geométricos repetitivos: ajedrezado, bandas verticales, triángulos, chevrons, espigas y zigzags.

Tipo II: Transicional. 




Las placas transicionales se caracterizan por motivos que llenan casi la totalidad de la placa, con la excepción del campo triangular próximo a la perforación. Al contrario que las placas clásicas, las transicionales no están claramente divididas en dos campos compositivos. Este tipo es el segundo más común y también aparece con una amplia distribución. Los motivos asociados con estas placas son triángulos, chevrons y zigzags.

Tipo III: Azada. 





Son raras, también de estructura transicional, pero de forma compuesta (o con hombros marcados), aparecen decoradas únicamente
con triángulos.

Tipo IV: Unipartitas. 




Las placas unipartitas tienen motivos que cubren toda la cara de la placa, sin que ningún elemento formal separe la parte alta de la base. En estas placas se utilizan varios motivos distintos.

Tipo V: Alfombras. 




Estas placas tienen una composición distintiva (un campo cuadrado o rectangular rodeado por un ribete decorado) y están grabadas en las dos caras. Los motivos asemejan un textil o alfombra. Las placas alfombra están normalmente hechas en arenisca de color rosa, aunque algunas se manufacturaron en pizarra y esquisto. Estas places son raras, y se las encuentra en la periferia de la región general por la que se distribuyen.

Tipo VI: Atirantadas. 




Estas placas son de forma compuesta, tienen dos perforaciones y presentan motivos en forma de tirantes y triángulos. Son asimismo bastante raras, y se las encuentra únicamente en el sector noreste del área general de distribución de las placas.

Tipo VII: Biomórfico simple. 




Estas placas (junto con las de Tipo VIII) son las que en gran medida alimentaron la interpretación de las places como Diosa Madre. Las placas de tipo biomórfico simple muestran lo que parecen ser “apéndices” y a veces “ojos” o una “nariz”. Son escasas y se las encuentra generalmente en el sector noreste del ámbito de distribución de las placas.

Tipo VIII: Biomórfico whiskered. 






Estas placas son similares y relacionades a las de tipo biomórfico simple, aunque sus diseños incorporan más motivos geométricos (imagen 4 y 8). Tienen múltiples registros de triángulos (que a menudo aparecen invertidos) o chevrones en el anverso, 2 ó 3 bandas que irradian de la “nariz” (y que asemejan “bigotes” – whiskers) y “borlas” en el reverso. Son raras y aparecen fundamentalmente a lo largo de la periferia de del ámbito de distribución de las placas.
Existen además, otros estilos o variantes




incluso recicladas


Al margen del caracter heráldico que estamos apuntando, recientes hipótesis vienen a dar un significado totalmente diferente y complementario a todo los dicho hasta ahora.
Poco antes de la segunda mitad del IV milenio aC, los dólmenes se alargaron o se les adicionó un pasillo de acceso, dando lugar al denominado sepulcro de corredor. Entre el ajuar de estos sepulcres, aparece un elemento definidor de este período. Son los llamados ídolos-placa, generalmente de pizarra, grabados por uno o por los dos lados con incisiones geométricas de diverses formes. Su tamaño varía, desde los que se pueden colgar del cuello hasta los que llegan a pesar un kilogramo. En excavacions metódicas, se ha podido constatar que cada inhumación se corresponde con una placa, además de haberse evidenciado el bajo número e individuos, como si éstos hubiern sido diferenciados más por sus poderes o conocimientos religiosos que por su situación econòmica, ya que todos los ajuares son pobres.
Posiblemente, cada sacerdote tenia su pròpia placa en la que dibujaba de forma críptica –sólo conocida por él- representacions de los ciclos astronómicos sagrados con los que, al sacralitzar la placa, la convertía, además en distintivo social y en un objeto de devoción.
Las disposicions geométricas de las places, han revelado su caràcter astronómico definidor del cicló metónico. Los dos ídolos-placa que presentamos a continuación, dentro de este mismo rasgo, tienen una mayor compleidad pues en ellos están indicados, en la misma figura, todas las cifras claves del calendario metónico y del predictor de eclipses lunares. Para la determinación de estas cifras, únicamente , se debe variar el orden en la computación de las unidades que tiene cada placa.
De la localidad portuguesa de Idanha a Nova, procede el idolo-placa siguiente:




En su cara, està indicado el número cuatro por los trazos horizontales. Lo que podríamos definir como pliegues del vestido forman tres ángulos en su parte central y tres grupos de tresángulos en sus dos laterales. Todas la cifras clave se sitúan en los dos primeros ángulos centrales.

En astronomía y con el establecimiento de los calendarios, el ciclo de Metón o ciclo metónico es un común múltiplo aproximativo de los períodos orbitales de la Tierra y de la Luna. En efecto, 19 años tropicales y 235 meses sinódicos no difieren más que en 2 horas; de ahí que después de 19 años, las mismas fechas del año correspondan con las mismas fases de la Luna.
El puesto de un año en este ciclo se llama número áureo, quizá porque era grabado cada año en los pilares de un templo en Atenas y es utilizado para el cálculo de la fecha de Pascua. El nombre de ciclo metónico proviene del astrónomo griego Metón, quien había señalado ya esta coincidencia alrededor del 432 a. C., como lo hizo el astrónomo caldeo Kidinnu hacia el 380 a. C. Pero los escritos cuneiformes parecen indicar que este ciclo era ya conocido en Mesopotamia desde el siglo VI a. C. y era utilizado para predecir los eclipses.
El ciclo de Metón es empleado en los calendarios lunisolares. En efecto, en un calendario lunisolar típico, la mayor parte de los años son años lunares de 12 meses, pero 7 de los 19 años poseen un mes suplementario, conocido con el nombre de mes intercalar o embolismico.
En los calendarios babilonios y hebreos antiguos, los años: 3, 6, 8, 11, 14, 17 y 19, son años de trece meses del ciclo metónico.

Existen igualmente otros dos ciclos similares: el octaeteris (8 años ≈ 99 lunaciones, cf. calendario ático) y el tritos (11 años ≈ 136 lunaciones).
El ciclo metónico está igualmente próximo (a medio día casi) de 255 meses draconíticos. Es pues igualmente un ciclo de eclipses, que dura solamente 4 o 5 eclipses. El tritos, cercano a 146,5 meses draconíticos, es un mejor ciclo de eclipses.

Se ha realizado un estudio estadístico de los motivos decorativos que aparecen en los ídolos placa asociados al fenómeno megalítico en el sudoeste de la Península Ibérica. Los histogramas muestran dos picos claramente significativos centrados en 12,4 y entre 27,7 y 29½, respectivamente. Estos números poseen un marcado carácter astronómico (número de lunaciones en un año trópico, número de días en un mes) lo que podría indicar que los ídolos placa presentan algún tipo de simbología astronómica, de carácter lunisolar, que viene a confirmar los resultados obtenidos por la orientación de los monumentos megalíticos de la región (las antas o dólmenes), donde los propios ídolos fueron encontrados.




Arriba podemos ver diversos ejemplos de ídolos placa ibéricos con motivos (triángulos, zigzags o cuadrados) que repiten, entre otros, los números 28, 29 o 30. Son muy frecuentes y posiblemente dan cuenta del número de días de una lunación, como redondeo de la duración del mes sinódico de 29½ días o del sidéreo de 27,6 días. El de Brissos (arriba a la derecha) muestra un patrón de 19 o 20 triángulos, otra cifra frecuente en la decoración de los ídolos placa. El análisis estadístico del número de motivos (en su mayoría triángulos, aunque también líneas, zigzags o cuadrados) que se pueden encontrar en una muestra de 130 ídolos placa descubiertos en dólmenes del sudoeste de la Península Ibérica, destacan claramente dos picos significativos centrados cerca de 12½ y de 29, dos números con fuerte significado astronómico. 
El mes sinódico es el período que transcurre entre dos mismas fases consecutivas de la Luna, siendo su duración aproximada de 29,53 días. La causa de las fases de la Luna es que vemos la parte de la Luna que se ilumina por el Sol y ello depende de su posición relativa respecto al Sol (vista desde la Tierra). Ya que la Tierra gira alrededor del Sol, la Luna tarda un tiempo extra (después de completar un mes sideral) en volver a la misma posición con respecto al Sol. Este periodo más largo se llama sinódico. Debido a las perturbaciones de las órbitas de la Tierra y Luna, el tiempo real entre lunaciones puede variar entre 29,27 y 29,83 días, aproximadamente.
Los hallazgos arqueológicos demuestran que ya en el Paleolítico se contaba el tiempo usando las fases de la Luna. Asimismo, el mes sinódico es todavía la base de muchos calendarios.


La placa anterior, procede del dolmen de la Granja de Céspedes (Badajoz) y se halla depositada en el Museo Arqueológico Nacional. En su parte derecha (a) tiene seis ángulos rayados; en la central (b) cinco y en la izquierda (c) cuatro ángulos, todos ellos bien dibujados. Contandolos según el cuadro 4, se determina el cicló metónico. Las cifras del calendario se obtienen en el cuadro 5, Las cifra del predictor se destacan de los ojos.

El motivo oculado en otros soportes

Existe además una enorme variedad de oculados en muy diferentes soportes, como por ejemplo cerámicas:



Pinturas rupestres


Estelas de piedra


Directamente moldeados en las rocas





Como hemos podido ver a lo largo de la presente entrada el tema de los ídolos oculados presenta muchos interrogantes, más allá de lo que en principio se planteaban los arqueólogos discutiendo sobre los materiales, las formas, etc. Deduciendo de todo lo dicho, podríamos hacer una primera lista de posibilidades:

* Parece bastante evidente que los oculados fueron objetos de culto y muy apreciados y generalizados.
* Quizás se trata de representaciones esquemáticas de la Gran Madre de la primera gran religión de la Humanidad.
* Puede que fuesen ofrendas votivas a la Gran Madre.
* Para propiciar la fertilidad y la fecundidad.
* Representaciones de los primeros instructores venidos de las estrellas.
* Talismanes contra el Mal de Ojo.
* Amuletos protectores de los sepulcros y de los bienes depositados en ellos.
* Recordatorios heráldicos de grandes ancestros.
* Calendarios lunisolares para predecir estaciones, eclipses en manos de los sacerdotes de aquella primitiva religión.
Son muchas las cosas, pues, que han ido reestructurándose desde las viejas hipótesis en las que el objeto era el fin mismo del análisis. Lecturas más integrales son las que avanzan en la dirección de añadir matices al estudio del ritual funerario de los ancestros, que tiene en las esculturillas antropomorfas del Neolítico, Calcolítico y Bronce una dimensión de la medida que la imagen humana posee en las referencias mitológicas, culturales y simbólicas de los constructores de los megalitos.